Un día soñando, soñé…así empieza una canción de muchachito bombo infierno. Esta, como muchas otras canciones, habla de desamor. Quizás sea este el mayor de los males menores que asolan el sosiego de los humanos. Pero cuantas veces, en un solo día, podríamos empezar nuestros pensamientos con esa frase. Hace un par de noches fui al cine y disfrute de una historia simple, simple pero real, Seis puntos sobre Emma. No contare la película pero sí que hablare de mi relación con Emma y como una persona, que puede ser tu vecino, te enseña un millón de cosas.
Ella es una persona normal con un trabajo un tanto especial, ayudar a la gente. En la frontera de los 30, Emma quiere encontrar la felicidad (¿y quién no?), ser madre y disfrutar de su vida, sin molestar y sin que nadie le diga cómo debe vivirla. Cada día pasea a su perro, se reúne con sus amigos, se ríe, a veces llora, recibe facturas,..., como cualquiera de nosotros, Emma, tiene una vida normal. Y sin mirar a ningún lado, siempre sigue adelante.
Conocer a Emma me ha hecho valorar, y cambiar el chip, tenemos una vida con problemas, trabas y hasta desdicha, pero hay que vivirla. Porque al otro lado de la luna también tenemos amigos, risas, sueños, paz y otro millón de cosas que te hace seguir. No hay problemas grandes, hay esperanzas pequeñas.
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