06 mayo, 2013

Miedos.

   No me da miedo el tiempo
ni su velocidad,
no me da miedo el tic-tac,
que fluye entre mis dedos.
   Me aterra perder el tiempo
y no apurar cada momento,
me da miedo no vivirlo
y perderme en el vacio.
   No me da miedo madurar,
aunque me haga mayor,
no me da miedo cambiar,
siempre que sea a mejor.
   Me aterra perder a Peter Pan
y dejar de volar,
me da miedo que campanilla,
no vuelva nunca más.
   No me da miedo hablar,
ni volver a discutir,
no me da miedo coincidir,
aunque solo sea aquí.
   Me aterra no escuchar
lo que tengas que decir,
me da miedo la ignorancia
y la soberbia del que manda.
   No me da miedo estar solo,
con gente alrededor,
no me da miedo encontrarme,
y mucho menos perderme.
   Me aterra dejar de andar
y no llegar a conocerte,
me da miedo buscarte, 
y el riesgo a equivocarme.
   No me da miedo el pasado
ni los recuerdos del alma,
no me da miedo el futuro, 
ni los sueños que no alcanzo.
   Me aterra olvidar ahora
dejando para mañana,
me da miedo no estar
por no dejar de recordar.
   No me da miedo ser yo
ni dejarme llevar,
no me da miedo aprender,
aunque sea, en la barra de un bar.
   Me aterra no ser yo
y llegarme a traicionar,
me da miedo no soñar,
aunque no sea verdad.
   No me da miedo no tenerlo,
pero me aterra, dejar de tener miedo.


03 abril, 2013

Derecho...



Resulta, y sin saber muy bien porque, que el derecho al delirio empieza a ser, y parece que acabara siendo el único derecho que nadie nos pueda arrebatar. Habré escuchado a Galeano, no sé, cien veces. Y hoy, en los primeros golpes de reloj de este miércoles, desvelado de responsabilidad y atento a la lectura, he vuelto a pensar en el derecho al delirio.
Los ricos, son más ricos, los pobres, más pobres, los listos, más listos y los tontos, los de siempre. El poder nos roba y son presuntos inocentes, los débiles luchan por mendigar algún derecho y son presuntos culpables. A veces, alguna que otra vez, o quizás más de las que me gustaría creer, me siento en un teatro de títeres. Miro alrededor y veo una realidad, escucho lo que cuentan y es otra muy distinta. Ahora da todo igual, llegara el día que saldrá un diputado y le preguntaran, “dos más dos”, y tomándose su tiempo dirá, “pues cinco”. Y si replicas, te contestara algo como, “podría llegar a ser 4, pero ahora y debido a los azares del momento y al FMI es cinco”. Entonces atónito, nuestro protagonista dirá, “disculpe, es que no lo veo, a mi me sigue dando cuatro”. “Pues está usted equivocado ya le he dicho que es cinco, esto solo son números, no hay mas, pero en diferido, siempre será cinco. Además el interés general y…”. De nuevo, el humano preguntara, “¿Pero dos más dos cuanto es?”, a lo cual el diputado responderá, “ya he contestado a esa pregunta”. Esto, con una simple leída, parece algo bastante absurdo, ¿o quizás no tanto?
Muy bien, como cada día me cuenta una historia tan irreal como un cuento de dragones, pero mucho menos divertida, yo,  por cada fantasía que me hagan tragar, reivindicare mi derecho al delirio. Si cada día tengo que creer una sarta de mentiras, serán las que yo quiera. Así, que creo en Galeano, y creo en el delirio, ¿Utópico?, si. Pero no más que lo  que me cuentan nuestros políticos, y por lo menos mucho más reconfortante. Si tengo que elegir entre creerme,  que entre Bárcenas, ERES, dietas, Bankias, Merkel, privatizaciones, fotos, escuchas, Gurtel, Noos, confetis y fiestas de cumpleaños, nadie sabe nada, nadie dice nada y todos son inocentes, o las utopías de Galeano. Me quedo con mi derecho al delirio una y mil veces. Ya que tengo que vivir una mentira, elegiré la que más me guste, no la que quieren que me trague. Yo, reivindico mi derecho al delirio.

26 enero, 2013

Volví a naufragar.


“Anoche, volví a naufragar,
me sorprendió la tormenta
en los mares de tu alma.
Intente buscar refugio
al socaire de tu espalda,
pero olas de deseo
me hicieron zozobrar.
Al sur tu aliento cálido,
al norte, montañas de mar.
Marque rumbo seguro,
intentaba capear,
pero fue imposible escapar
de aquel temporal.
Y entre besos y caricias,
anoche, volví a naufragar.”

31 diciembre, 2012

Y aquí seguimos.


De nuevo, me sorprende la madrugada bajo la tenue luz, de la última luna del año que desaparece. Justo ahora, cuando el runrún del mar, se mezcla con la suave música que se escapa desde algún rincón de esta mesa, he pensado en 2012, el año en que se acabó el mundo, aunque aún seguimos aquí. El año en que se perdieron palabras, palabras como esperanza y futuro, el año que descubrimos que teníamos una prima que se llama riesgo y que el derecho a la educación, sanidad y vivienda era vivir por encima de nuestras posibilidades.

Este, también ha sido el año el año en que fui, y  volví. El año en que conserve viejos amigos, cultive nuevos y viví con extraños que terminaron siendo familia. El año que eche de menos por no estar y extrañé por haberme ido, el año del infarto que termino en un susto, y me enseño que la salud de la familia es el mejor regalo. El año de los hijos de mis amigos, los que llegaron y los que estan por llegar, y el año que la distancia me unió al camino.

2012, otro más a recordar, momentos buenos, los mejores. Ratos malos, algunos, pero quedaron en las cunetas del sendero. Al final, solo ha sido eso, uno año a recordar. Quizás con más trampas de las necesarias, o con más suerte de la que merezco, depende desde donde lo miremos. ¿Qué es lo peor de este año que huye del presente para instalarse en el pasado? Sin duda, la deshumanización social, solo paliada por la solidaria humana. Lo mejor, que lo he vivido y sigo aquí para recordarlo. ¿Propósito para el nuevo año?, vivirlo. Vivir cada instante, buenos o malos, solo vivirlos y seguir adelante. A los que se quedaron, hasta la vista, a los que están, gracias y a los que vendrán, bienvenidos. Compañeros, feliz año bueno, sí, bueno. ¿Por qué bueno?, ¿y por qué no?

20 diciembre, 2012

Mañana amanecerá.


Al abrigo de la madruga,

responsabilidad desvelada.

Noche, silencio,

y ese olor a vainilla.

Pienso, escucho,

y presto atención.

Oigo palabras, desgana,

esperanza muerta

y el ruido de un disparo.

Complicados tiempos

para bohemios y poetas,

cuando los mundos se matan,

y la esperanza no vuela.

Tan solo habrá que esperar, y

mañana amanecerá.

Mismo sol, otro día,

y quizás, solo quizás,

los pasos perdidos

traigan un mundo nuevo.

19 noviembre, 2012

La generación de los pasos perdidos.


Ahora, que cada vez que veo las noticias o  leo un periódico, siento que mis pasos se pierden. Se pierden en el vacío, la desesperanza y la sin razón. Creo, y ya me gustaría equivocarme, que soy miembro de la primera  generación perdida, esa que en su mayoría creció con cantos de sirenas. Cantos afinados, que susurraban al oído palabras bonitas, democracia, bienestar, igualdad, libertad, que al final resultaron ser  solo eso, palabras bonitas.
Ustedes son el futuro, la primera generación constitucional, eso se decía de mi quinta. Y bueno, constitucional y democrática, pero con matices, ni uno, ni dos, si no varios. Esto ha sido como un gran baile de mascaras, llevamos treinta y tantos años de fiestas, dejándonos emborrachar por vino de cartón, pero bebiendo para no mirar. Y ahora, de repente ha amanecido, se ha hecho de día, nos estamos quitando las mascaras y el vino de cartón se ha acabado, solo queda el whisky de malta, pero ese no es para nosotros. Este lleva mucho tiempo en las mismas manos, en las de siempre.
Ahora, en plena resaca de realidad, empezamos a descubrir los pilares de nuestro estado de derecho. La dictadura, la nobleza, la iglesia, la clase política y la banca, ellos dirigen nuestra democracia. Platón definía la democracia, como el gobierno de la multitud y Aristóteles defina otro sistema, la aristocracia, como el gobierno de los menos. Con esta información, y conociendo el concepto  “decretazo”, a mí, la palabra democracia se me diluye entre los dedos.
Pues después de la educación, la universidad y la formación. Seguimos igual, a expensas que la aristocracia nos deje respirar. Pero ya no son Condes, Duques o Marqueses. Ahora son banqueros,  políticos y su elenco protegido.  Ellos son el único poder, impune ante la ley y con derecho a juzgar, manipular y gestionar de la forma más oportuna o propicia para sus intereses. Al final solo somos vasallos, que caminan perdidos por las cloacas del castillo.

19 octubre, 2012

Tras la segunda estrella...

 
Hace unos días alguien me hacia un regalo, algo sencillo, pero lleno de significado. Siempre lo he sabido, desde aquellas épocas de niñez, cuando cada navidad la caja tonta, reponía una y otra vez, Peter Pan. Y entre indios, piratas, niños perdidos y el cocodrilo, estaba mi regalo. Una frase, solo una sucesión de palabras, pero con un mensaje que va más allá. “Detrás de la segunda estrella, gira a la derecha, y todo recto hasta el amanecer”.

Habré oído esta frase unas decenas de veces, pero esta vez, cuando la leí, algo cambio. Sera que me hago mayor, o simplemente, que nunca lo había meditado hasta ahora. Así que pensé en un cielo de estrellas, alguno que recordara muy bien, y ese no puede ser otro, que el cielo de La Palma una noche de luna nueva. E intente buscar la segunda estrella, pero mire en la dirección que mire, hay millones. ¿Quizás es la que mas brille al oeste?, ¿Quizás la que está detrás de la estrella polar, al norte?, ¿a lo mejor es la segunda estrella del cinturón de Orión?, es imposible, son demasiadas. Las indicaciones están incompletas, fue mi primera impresión. Al final ir a un lugar, donde los niños, son niños, hay indios,  piratas, polvo de hadas, batallas donde siempre pierden los malos, y donde con imaginación se consigue todo lo que necesitas, debe ser complicado.

Nunca Jamás, tras la segunda estrella, a la derecha y todo recto hasta el amanecer. Aun no lo he encontrado, pero creo que voy por buen camino. La segunda estrella a la derecha, ¿cuál?, pues la que más te guste, la que quieras, cualquiera puede ser tu estrella. Cuando la encuentres, dale un giro a tu vida, y a partir de ahí, todo recto hasta el amanecer, siempre hacia un nuevo día. Hacia otra oportunidad de llegar a tu “Nunca Jamás”.