03 abril, 2013

Derecho...



Resulta, y sin saber muy bien porque, que el derecho al delirio empieza a ser, y parece que acabara siendo el único derecho que nadie nos pueda arrebatar. Habré escuchado a Galeano, no sé, cien veces. Y hoy, en los primeros golpes de reloj de este miércoles, desvelado de responsabilidad y atento a la lectura, he vuelto a pensar en el derecho al delirio.
Los ricos, son más ricos, los pobres, más pobres, los listos, más listos y los tontos, los de siempre. El poder nos roba y son presuntos inocentes, los débiles luchan por mendigar algún derecho y son presuntos culpables. A veces, alguna que otra vez, o quizás más de las que me gustaría creer, me siento en un teatro de títeres. Miro alrededor y veo una realidad, escucho lo que cuentan y es otra muy distinta. Ahora da todo igual, llegara el día que saldrá un diputado y le preguntaran, “dos más dos”, y tomándose su tiempo dirá, “pues cinco”. Y si replicas, te contestara algo como, “podría llegar a ser 4, pero ahora y debido a los azares del momento y al FMI es cinco”. Entonces atónito, nuestro protagonista dirá, “disculpe, es que no lo veo, a mi me sigue dando cuatro”. “Pues está usted equivocado ya le he dicho que es cinco, esto solo son números, no hay mas, pero en diferido, siempre será cinco. Además el interés general y…”. De nuevo, el humano preguntara, “¿Pero dos más dos cuanto es?”, a lo cual el diputado responderá, “ya he contestado a esa pregunta”. Esto, con una simple leída, parece algo bastante absurdo, ¿o quizás no tanto?
Muy bien, como cada día me cuenta una historia tan irreal como un cuento de dragones, pero mucho menos divertida, yo,  por cada fantasía que me hagan tragar, reivindicare mi derecho al delirio. Si cada día tengo que creer una sarta de mentiras, serán las que yo quiera. Así, que creo en Galeano, y creo en el delirio, ¿Utópico?, si. Pero no más que lo  que me cuentan nuestros políticos, y por lo menos mucho más reconfortante. Si tengo que elegir entre creerme,  que entre Bárcenas, ERES, dietas, Bankias, Merkel, privatizaciones, fotos, escuchas, Gurtel, Noos, confetis y fiestas de cumpleaños, nadie sabe nada, nadie dice nada y todos son inocentes, o las utopías de Galeano. Me quedo con mi derecho al delirio una y mil veces. Ya que tengo que vivir una mentira, elegiré la que más me guste, no la que quieren que me trague. Yo, reivindico mi derecho al delirio.

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