Resulta, y sin saber muy
bien porque, que el derecho al delirio empieza a ser, y parece que acabara siendo
el único derecho que nadie nos pueda arrebatar. Habré escuchado a Galeano, no sé,
cien veces. Y hoy, en los primeros golpes de reloj de este miércoles, desvelado
de responsabilidad y atento a la lectura, he vuelto a pensar en el derecho al
delirio.
Los ricos, son más ricos,
los pobres, más pobres, los listos, más listos y los tontos, los de siempre. El
poder nos roba y son presuntos inocentes, los débiles luchan por mendigar algún
derecho y son presuntos culpables. A veces, alguna que otra vez, o quizás más
de las que me gustaría creer, me siento en un teatro de títeres. Miro alrededor
y veo una realidad, escucho lo que cuentan y es otra muy distinta. Ahora da
todo igual, llegara el día que saldrá un diputado y le preguntaran, “dos más
dos”, y tomándose su tiempo dirá, “pues cinco”. Y si replicas, te contestara
algo como, “podría llegar a ser 4, pero ahora y debido a los azares del momento
y al FMI es cinco”. Entonces atónito, nuestro protagonista dirá, “disculpe, es
que no lo veo, a mi me sigue dando cuatro”. “Pues está usted equivocado ya le
he dicho que es cinco, esto solo son números, no hay mas, pero en diferido,
siempre será cinco. Además el interés general y…”. De nuevo, el humano
preguntara, “¿Pero dos más dos cuanto es?”, a lo cual el diputado responderá, “ya
he contestado a esa pregunta”. Esto, con una simple leída, parece algo bastante
absurdo, ¿o quizás no tanto?
Muy bien, como cada día me
cuenta una historia tan irreal como un cuento de dragones, pero mucho menos
divertida, yo, por cada fantasía que me
hagan tragar, reivindicare mi derecho al delirio. Si cada día tengo que creer
una sarta de mentiras, serán las que yo quiera. Así, que creo en Galeano, y creo
en el delirio, ¿Utópico?, si. Pero no más que lo que me cuentan nuestros políticos,
y por lo menos mucho más reconfortante. Si tengo que elegir entre creerme, que entre Bárcenas, ERES, dietas, Bankias,
Merkel, privatizaciones, fotos, escuchas, Gurtel, Noos, confetis y fiestas de
cumpleaños, nadie sabe nada, nadie dice nada y todos son inocentes, o las utopías
de Galeano. Me quedo con mi derecho al delirio una y mil veces. Ya que tengo
que vivir una mentira, elegiré la que más me guste, no la que quieren que me
trague. Yo, reivindico mi derecho al delirio.
Y nosotros decidimos siempre...Ese es nuestro poder.
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