Siempre pasa, no se porque, pero pasa. Aun queriendo no puedo, busco una razón, un tema y encuentro mil. Ordeno palabras, analizo pensamientos y busco razones. Después, un teclado, una pantalla o un simple papel y lápiz y es hora de empezar.
Muchas veces con solo una palabra, mi mano baila sobre el papel con un trazo ágil y símbolos claros. Otras tantas, fluye a arreones, como si mis pensamientos, se escurrieran a través de mi mano. Y por ultimo tenemos los periodos oscuros, los de empezar y no acabar, los tiempos de papel arrugado y palabras vacías. Esos momentos, donde todo lo que te rodea te supera, te vence y tu propia inspiración decide huir y dejarte abandonado.
Un café, un amigo,una palabra, una canción y explota la idea. Tomas un segundo piensas, otro instante mas para pensar y nada, solo pantallas en blanco y paginas vacías. Por mas que sujetes el lápiz con decisión, no se mueve, pasa el tiempo, y no escribes.
Y un buen día sin querer, te das cuenta, que a veces, una idea no es suficiente.
Y con un paso delante del otro, andando hacia el futuro me pregunto donde ir. Siempre queda tanto por hacer, y tanto que aprender, que parece que el tiempo se me escapa. Acomodado en el sillón es fácil soñar, lo difícil es vivir lo soñado. Yo quiero matar al dragón y rescatar a la princesa, yo quiero descubrir nuevos mundos y sentir que mis pasos se marcan en la arena. Pero aunque me repito que viviré cada día como si fuera el ultimo, siempre me asaltan las dudas, ¿lo hago o solo lo sueño?
Algunas veces me planteo cuantas oportunidades tenemos cada día, desde que amanece hasta que el día se pierde en las hojas del calendario. Supongo que cada instante es una nueva oportunidad, una nueva decisión que te lleva hasta la siguiente, que transforma tu realidad. Pero, ¿ serán correctas, apropiadas, elegidas o solamente tomas de forma rutinaria?
¿Me gustaría tener un bola de cristal en la que otear el futuro?, complicada pregunta. Puede que si, todo seria mas fácil pero también mas aburrido, siempre sabría que pasara mañana y ya no habría dudas, ni sorpresas. Todo estaría en el plan, solo tendría que seguir la linea correcta. Aunque, si lo pienso bien, esto no me haría feliz. A mi, me encanta la duda, meditar las cosas y tomar decisiones sin saber muy bien que pasara. Yo adoro el misterio, eso me mantiene vivo. Así que no, rotundamente no, no quiero consultar el oráculo, no quiero saber que pasara mañana. Me conformo con soñar que mañana esta por llegar.
Supongo que el único lugar donde estarán todas estas respuestas sera al final del camino. Pues seguiré andando, dando pasos perdidos hasta que llegue el ultimo instante. Seguiré pintando el camino de sueños y seguiré creyendo que mañana sera mejor, pero no mejor que que hoy, si no mejor que siempre
Resulta, y sin saber muy
bien porque, que el derecho al delirio empieza a ser, y parece que acabara siendo
el único derecho que nadie nos pueda arrebatar. Habré escuchado a Galeano, no sé,
cien veces. Y hoy, en los primeros golpes de reloj de este miércoles, desvelado
de responsabilidad y atento a la lectura, he vuelto a pensar en el derecho al
delirio.
Los ricos, son más ricos,
los pobres, más pobres, los listos, más listos y los tontos, los de siempre. El
poder nos roba y son presuntos inocentes, los débiles luchan por mendigar algún
derecho y son presuntos culpables. A veces, alguna que otra vez, o quizás más
de las que me gustaría creer, me siento en un teatro de títeres. Miro alrededor
y veo una realidad, escucho lo que cuentan y es otra muy distinta. Ahora da
todo igual, llegara el día que saldrá un diputado y le preguntaran, “dos más
dos”, y tomándose su tiempo dirá, “pues cinco”. Y si replicas, te contestara
algo como, “podría llegar a ser 4, pero ahora y debido a los azares del momento
y al FMI es cinco”. Entonces atónito, nuestro protagonista dirá, “disculpe, es
que no lo veo, a mi me sigue dando cuatro”. “Pues está usted equivocado ya le
he dicho que es cinco, esto solo son números, no hay mas, pero en diferido,
siempre será cinco. Además el interés general y…”. De nuevo, el humano
preguntara, “¿Pero dos más dos cuanto es?”, a lo cual el diputado responderá, “ya
he contestado a esa pregunta”. Esto, con una simple leída, parece algo bastante
absurdo, ¿o quizás no tanto?
Muy bien, como cada día me
cuenta una historia tan irreal como un cuento de dragones, pero mucho menos
divertida, yo, por cada fantasía que me
hagan tragar, reivindicare mi derecho al delirio. Si cada día tengo que creer
una sarta de mentiras, serán las que yo quiera. Así, que creo en Galeano, y creo
en el delirio, ¿Utópico?, si. Pero no más que lo que me cuentan nuestros políticos,
y por lo menos mucho más reconfortante. Si tengo que elegir entre creerme, que entre Bárcenas, ERES, dietas, Bankias,
Merkel, privatizaciones, fotos, escuchas, Gurtel, Noos, confetis y fiestas de
cumpleaños, nadie sabe nada, nadie dice nada y todos son inocentes, o las utopías
de Galeano. Me quedo con mi derecho al delirio una y mil veces. Ya que tengo
que vivir una mentira, elegiré la que más me guste, no la que quieren que me
trague. Yo, reivindico mi derecho al delirio.
De nuevo, me sorprende la madrugada bajo la tenue
luz, de la última luna del año que desaparece. Justo ahora, cuando el runrún del
mar, se mezcla con la suave música que se escapa desde algún rincón de esta
mesa, he pensado en 2012, el año en que se acabó el mundo, aunque aún seguimos aquí.
El año en que se perdieron palabras, palabras como esperanza y futuro, el año
que descubrimos que teníamos una prima que se llama riesgo y que el derecho a
la educación, sanidad y vivienda era vivir por encima de nuestras
posibilidades.
Este, también ha sido el año el año en que fui, y volví. El año en que conserve viejos amigos,
cultive nuevos y viví con extraños que terminaron siendo familia. El año que
eche de menos por no estar y extrañé por haberme ido, el año del infarto que
termino en un susto, y me enseño que la salud de la familia es el mejor regalo.
El año de los hijos de mis amigos, los que llegaron y los que estan por llegar,
y el año que la distancia me unió al camino.
2012, otro más a recordar, momentos buenos, los
mejores. Ratos malos, algunos, pero quedaron en las cunetas del sendero. Al
final, solo ha sido eso, uno año a recordar. Quizás con más trampas de las necesarias,
o con más suerte de la que merezco, depende desde donde lo miremos. ¿Qué es lo peor
de este año que huye del presente para instalarse en el pasado? Sin duda, la deshumanización
social, solo paliada por la solidaria humana. Lo mejor, que lo he vivido y sigo
aquí para recordarlo. ¿Propósito para el nuevo año?, vivirlo. Vivir cada
instante, buenos o malos, solo vivirlos y seguir adelante. A los que se
quedaron, hasta la vista, a los que están, gracias y a los que vendrán,
bienvenidos. Compañeros, feliz año bueno, sí, bueno. ¿Por qué bueno?, ¿y por qué
no?