19 diciembre, 2011

Sonríe.


Sentado en el coche, de camino a ninguna parte, se ha puesto a llover. Parado en el atasco, mientras diego y bebo me hablan de amores y desamores, mi mente volaba recordando historias, sueños e ilusiones. Observo al resto de la gente, alguien habla por teléfono, una niña parlotea y señala una valla con una muñeca, una pareja discute, un mimo hace malabares, un corbata estrangula el cuello de un ejecutivo, un repartidor revisa facturas o solo papeles y así un montón de vidas anónimas, revoloteando en un instante. A veces vivimos tan deprisa, que nos olvidamos  de mirar a los lados. A nuestro alrededor hay muchas vidas, como la nuestra. Problemas, facturas, amores, sueños, deseos, planes,…vidas. Solo eso, vidas que coinciden, ni iguales ni diferentes.  

Pensaba en diciembre, este diciembre y todos los diciembres que recuerdo. Me gusta la navidad, sí me gusta, no sé muy bien porque. Supongo que será la imaginación romántica, quizás la educación católica, que de vez en cuando asoma por ahí, o simplemente, me gusta porque si. Sentado en este atasco, rodeado de gente que no se mira, me he dado cuenta cual es mi propósito para esta fechas.

Voy a regalar sonrisas, cuando mi mirada se cruce con la tuya, o con la tuya, o con la tuya, te regalaré  una sonrisa. No te conozco, ni siquiera nos hemos visto, pero la vida nos ha hecho coincidir en este instante, y daré las gracias con una sonrisa. Te reto a regalar sonrisas, después de todo, ¿a quien no le gusta que le sonrían?

11 diciembre, 2011

Melancolía


Hoy declaro,

a mi alma escondía,

un pensamiento lento.

Hoy quiero  melancolía.

Alegres pensamientos

huyen de  mi alma, y

en algún bar perdido,

melancolía quedó  conmigo.


No sufro por tristeza,

tampoco  lloro por ella.

No hay mal de amores,

ni siquiera, nuevos problemas.

Sólo, triste melancolía,

mezclando mis emociones.


No importa alegría,

no importa tristeza,

lo único que importa,

que quiere tu cabeza.

Hoy reivindico tristeza.

07 diciembre, 2011

Instante


Caminos en la vida, de repente una mañana,  quizás una tarde,  tus pies se paran en un rincón de tu vida y en ese preciso momento,  giras. Cambias de rumbo, aunque tu camino continua irreductible hasta el final, el mismo final, el de todos.  No  deja de sorprenderme como las cosas varían en ese instante, cuando tus pies se paran.
Habría podido vivir mil vidas y  tomar mil caminos hacia el destino, pero solamente elegí los míos. Los que yo quise o me marcaron, los que me han traído hasta aquí. Aciertos, errores y sueños han marcado mi vida, y supongo que la de todos.  Los giros de un instante, nos convierten en humanos.
Nuestra  historia la escriben esos instantes en que nuestros  pies se paran. Si pudieras dar marcha atrás, no solo cambiaria ese momento, sino todos los sucesivos. Si yo pudiera empezar de nuevo, ¿qué cambiaria?, nada.  Quiero este camino, el que yo elegí.  Y el tiempo para cambiar, me lo darán esos pequeños momentos en que mis pies se pararan.

04 diciembre, 2011

Simplemente.


Hoy es uno de esos días,
uno de esos domingos
donde quizás podría
pintar mis sueños,
leyendo historias
de personajes perdidos.

Tal vez, salga del letargo
de la dura resaca
nadando en versos,
en versos de Neruda.
O pasaré tranquilo
por una canción perdida.

Sin salir de mi letargo
de domingo de resaca.
Pierdo el tiempo,
imaginando historias,
de viajes al desierto, y
paseos por la luna.

Quizás me duerma,
Quizás despierte, o
solo, tal vez, me mueva.
Podría escribirte
y contarte una historia,
pero simplemente
 no hare nada.

01 diciembre, 2011

Historias pequeñas, grandes esperanzas...

Un día soñando, soñé…así empieza una canción de muchachito bombo infierno. Esta, como muchas otras canciones, habla de desamor. Quizás sea este el mayor de los males menores que asolan el sosiego de los humanos. Pero cuantas veces, en un solo día, podríamos empezar nuestros pensamientos con esa frase. Hace un par de noches fui al cine y disfrute de una historia simple, simple pero real, Seis puntos sobre Emma. No contare la película pero sí que hablare de mi relación con Emma y como una persona, que puede ser tu vecino, te enseña un millón de cosas.
 Ella es una persona normal  con un trabajo un tanto especial, ayudar a la gente. En la frontera de los 30, Emma quiere encontrar la felicidad (¿y quién no?), ser madre  y disfrutar de su vida, sin molestar y sin que nadie le diga cómo debe vivirla. Cada día pasea a su perro,  se reúne con sus amigos, se ríe, a veces llora, recibe facturas,..., como cualquiera de nosotros, Emma,  tiene una vida normal. Y sin mirar a ningún lado, siempre sigue adelante.
Conocer a Emma me ha hecho valorar, y cambiar el chip, tenemos una vida con problemas, trabas y hasta desdicha, pero hay que vivirla. Porque al otro lado de la luna también tenemos amigos, risas, sueños, paz y otro millón de cosas que te hace seguir. No hay problemas grandes, hay esperanzas pequeñas.