Hay mil formas de irse a la
cama,
tal vez haciendo memoria
quizás pensando en mañana
o solo soñando despierto.
Luego viene la noche
entre respiraciones
acompasadas,
abrazos consolados
y vueltas en la cama.
Aparece la mañana
la luz se cuela entre sueños
y el café en nuestros
sentidos.
Siempre amanece de nuevo.
Todo es tan normal
la rutina natural,
la vida tras el cristal,
solo otro día sin más.
Sonidos de besos y risas,
ladridos, coches y gritos,
pájaros, parques y palabras.
Pero una de esas mañanas,
quizás fuera una noche, una
tarde
o una fría madrugada,
un teléfono que suena
con algunas palabras sueltas
todo queda suspendido.
Silencio frío de palabras vacías
como golpes que no avisan
y te devuelven a la vida.
Días raros, lección de vida.
Que avisan sin caricias,
que la vida es efímera.
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