Y al Este de mi mente,
en el horizonte de mi sueño
hoy, ha vuelto a amanecer.
La mañana atraviesa mi cuerpo
como la luz las ventanas,
iluminando las oscuras sombras
de los rincones de mi alma.
El sol no tarda en desperezar
al hombre cabal,
poco a poco me vuelvo real,
y el niño perdido se desdibuja,
como las cenizas de la hoguera
desaparecen en el aire,
cuando ya no quedan brasas.