Tú podrías haber sido,
tú, una de ellas.
De las que estuvieron,
y siempre se marchaban,
o de las que nunca pararon,
por mas que lo soñaba.
Tú, podrías haber sido,
de las que esperaban que volviera
y escape corriendo.
De las que de noche entraban,
y por la mañana se fueron.
De las que intento olvidar,
o de las que ya no me acuerdo.
Tú, podrías haber sido
una de ellas.
30 junio, 2014
12 junio, 2014
Sobre la doble vara de medir, y los profetas del mal.
Pues al final y tras mucho meditar, leer, frotarme
los ojos, asombrarme e incluso, en algunas ocasiones, reírme por no llorar, he
llegado hasta aquí. Me explico, profetas del mal: hay un grupo, amplio, más
amplio de lo que yo mismo pudiera suponer, que se empeña en ver el mal en todo
lo nuevo. Cualquier soplo de aire fresco, parece más bien, un soplo de azufre,
o el presagio del apocalipsis. Supongo que esto mismo sitio Galileo, cuando insinuó
que la tierra era redonda. Salvando las distancias, claro está, ahora no te
queman literalmente, solo en sentido figurado. ¿Los cambios son buenos? Para mí
no solo buenos, si no necesarios. Un cambio, acarrea un riesgo, puede que
funcionen o no, pero eso solo lo dirá el tiempo. Pero profetizar el fracaso, a mí
cuanto menos, me parece triste como sociedad. Asumo, entiendo y comparto que
todo, en democracia es susceptible de crítica. Yo mismo, si mañana entrara en
la vida pública, se podría encontrar de todo sobre mi, y quizás, mas cosas
malas que buenas. De mil frases que pronuncio, si se recorta adecuadamente,
seguramente, yo mate a la madre de Bambi. Dice D. Pedro Guerra, “…todos tenemos
algo escondido, y yo, como todos tengo lo mío…”.
Y aquí entra la doble vara de medir: me resulta
asombroso, que alguien que nos miente, a diario y a la cara. Podría decir, pero eso es muy subjetivo. De
acuerdo, recurramos a la manida frase “de la legalidad vigente”. Nos mienten, y
los jueces lo demuestran, hicieron promesas de cambio, y no las cumplen. Párrafo
anterior, si un cambio funciona el tiempo lo demuestra. Y aun así, todos
pensamos que es lo normal. En cambio, aun sin llegar, y sin haber estado o sin
haberlo intentado si quiera, otros ya son culpables. Y los que están, aun
habiendo fracasado, con hechos demostrados, son presuntos inocentes. Y en
medio, nosotros, los títeres del teatro. Da igual, lo que opinemos o digamos,
el poder esta donde esta, y no piensa en cambiar de manos. Pero, por el momento
y cada vez con menos ilusión, sigo comprando esperanza, compro esperanza para
invertir en utopías.
¿Y el futuro? Ese nos irá dando y quitando razones. Cuánta
razón tenía usted Sr. Machado “…una de las dos Españas ha de helarte el corazón.”.
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