Algo me mantiene intranquilo, creo no saber que es,
o por lo menos no exactamente. Ahora, seguro que algo tendrá que ver, el tiempo
que me ha tocado vivir. Son tiempos extraños, o al menos para mí lo son cada
vez más, años duros, los definirían en otra época. Y esta vez, o al menos de
momento, no nos asola la hambruna. Nos asola la falta de esperanza y el exceso
de “Aguirre”. Podría pasarme diez folios hablando de las lindezas que nuestros
diputados y cargos electos sueltan por sus bocas, pero para que, ya las oímos cada
día en los medios. Bueno, al menos hasta ahora, porque últimamente parece que
el “macartismo” se ha instaurado contra el periodismo crítico.
Alguien podría pensar que esto es un pensamiento sesgado, pues le invito a que
eche un vistazo a los despidos, ceses y cancelaciones de programas. Para mi
esta más cerca de una caza de brujas que de un ajuste presupuestario, por supuesto, corro el riesgo de equivocarme, ¿o
no?
Volvamos a la falta de esperanza. Recuerdo que
cuando entre en la universidad tenía la esperanza de encontrar un camino mejor,
un futuro, formación y una experiencia vital, para mi desarrollo humano. Bueno,
algunas se han cumplido y otras no. Pero ahora, en estos tiempos, ¿que
esperanza tienen las personas que empiecen este año una carrera? Pues si
hacemos caso al ministro de educación, el camino es emigrar. Con lo cual, yo
llego al siguiente rompecabezas: “ Si nos dicen que los recortes y vejaciones
de derechos son por el bien del estado y para tener un futuro mejor, pero a la
vez nos dicen que nos formemos para ir a trabajar a otro país, porque en este
no hay futuro. Entonces a ver si lo pillo; ¿Nos sacrificamos por un futuro, que
nunca llegara?
Así que esto me empieza a parecer mucho más simple
de lo que me imaginaba, primero cancelamos ciertos derechos, segundo
controlamos la información, tercero el éxodo de la gente bien formada, cuarto
convertimos educación en un privilegio, quito baja el nivel cultural del pueblo,
sexto…, lo dejo ahí. Porque cada día que pasa, veo, leo, oigo y siento, me dan más
ganas de perder la esperanza.