Como se extraña o se añora lo que no se tiene. El
ejemplo más claro lo tengo en mi mismo. La vida sedentaria, las rutinas y el
tiempo planificado me ahogan, como se ahogan los peces en un cubo. El saber de
antemano como será el día siguiente, me apaga. Y justo antes del último
aliento, petate, carretera y manta. Y
Caes de nuevo en el infinito de algún aeropuerto, otro cambio, otra
vida, otro sueño y porque no, otra locura. Volver a empezar, por el mero hecho
de hacerlo. Otra prueba a mi personalidad, saber hasta dónde aguanto, cuanto
puedo apretar hasta decir basta, yo me bajo, para.
Por otro lado, ahora estoy ahí, en la montaña rusa
de las emociones. Viviendo nuevas aventuras, no siempre fáciles, pero
necesarias todas. A veces en mitad de la locura, mi mente para un segundo,
mientras mi cuerpo va a toda prisa, como en cámara lenta. Me astraigo y pienso:
“Con lo fácil que era todo antes, amigos, casa, familia, sencillo”. Luego como
si alguien le diera al play, todo vuelve al presente. Y me arrepiento, luego me
alegro, me rio y me pongo triste, y sigo buscando. No sabría explicar que
busco, pero estoy seguro que lo busco.
Siempre falta algo, algo que añorar, que me obliga a
seguir buscando. Supongo que será inconformismo, quizás capricho o masoquismo,
aunque empiezo a pensar que es solo simple curiosidad. Al final, cuando sueño,
añoro vivirlos y cuando vivo, añoro soñarlos.